LUZ EN TU CAMINO

Sistema Holístico e Integrativo


 

  

EL ALMA Y EL EGO

 

 

INICIO

EL ALMA Y EL EGO I

 EL ALMA Y EL EGO II

 EL ALMA, LA INDIVIDUALIZACIÓN Y EL “EGO” III

EL EGO, LA CARENCIA Y EL DESEO – IV

 EL EGO Y SU MIEDO A NO SER INTEGRADO – V

 EL EGO CENTRADO EN SUS DESEOS Y NECESIDADES – VI

 EL EGO Y SU NECESIDAD DE ESTAR AL CENTRO Y SENTIRSE ESPECIAL - VII

EL EGO Y LA NECESIDAD DE PODER – VIII

 LA CONCIENCIA SISTÉMICA Y EL ALMA

 CONCIENCIA SISTEMÁTICA EN LA VIDA COTIDIANA

 TRANSFORMACIÓN CONSCIENTE

 CRISIS. CONFLICTO Y OPORTUNIDAD

 TRABAJO PERSONAL

TRABAJO PERSONAL2

TRABAJO PERSONAL 3

LA CONCIENCIA EVOLUTIVA

 LA CONCIENCIA HOLÍSTICA Y EL ESPÍRITU

LA IMAGEN DE LA ESPIRAL COMO MODELO DE CAMBIO

CAMBIOS DE ORDEN EN LA ESPIRAL EVOLUTIVA

EN SÍNTESIS


EL ALMA Y EL EGO I

 

Para comprender al ego, el producto de la evolución auto consciente, es preciso situar al alma como centro de la conciencia humana.

La gran mente cósmica se manifiesta en la naturaleza a través de pautas colectivas. Las rosas se configuran de acuerdo a un “anima mundi” que les otorga sus cualidades, olor, color, forma. El alma grupal de las rosas es aquel aspecto implicado, no visible que les otorga sus cualidades y especificidad, desde el cual se despliega la expresión de las rosas.

Con la expresión humana, este principio, el alma ya deja de ser grupal y se constituye en el centro personalizado, individualizado de cada ser humano.

Así., el principio mental del universo se manifiesta a nivel individual en cada ser humano a través de su alma.

Cada ser humano es la expresión, en tiempo y espacio, de un alma, así como el universo físico es la manifestación, en tiempo y espacio, de la Gran Pauta Cósmica.

No hay una separación entre el alma y el individuo, se trata de un continuum, de una unidad expresada en distintos campos de energía. Así como el cuerpo vibra en el campo cuántico, las emociones y sentimientos lo hacen en su propio nivel vibratorio, así también el pensamiento, como dijimos más arriba. Lo mismo se puede decir del alma.

Así como el arco iris es un continuum, y sin embargo, podemos distinguir en él colores, del rojo al violeta, así el ser humano (y universo) es un todo que vibra en distintos campos de energía.

El alma, además de ser el centro individualizado, es el centro integrador del ser humano. Incluye y coordina cuerpo, emoción, pensamiento en un todo más amplio, dándoles coherencia y congruencia. Es el principio que nos permitirá, al abrirnos a la vivencia de ella, armonizar y cohesionar todos nuestros aspectos.

El alma vibra en una esfera no perceptible a nuestros sentidos físicos (pero sí a la intuición, entendiéndola como una función de la mente) en el campo de la unidad esencial del cosmos, por tanto Sabe que somos seres pulsantes unidos a todo.

La experiencia del alma según relatan todos aquellos que la han experimentado es una vivencia de Amor y unidad, donde percibimos los lazos que nos unen con todo lo que existe.

Todos los reinos palpitan en ti.

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EL ALMA Y EL EGO II

 

La conciencia del alma es inclusiva. Sabe que más allá de toda diferencia, de nivel, de raza, de carácter, de ideología, somos esencialmente Uno.

Sabiduría y Amor son dos caras de una misma moneda. Al intuir que somos Uno, amamos.

El alma pulsa en la unidad donde no hay roce, aristas, ni carencias; podríamos simbolizarla a través de la forma de la esfera, sin comienzo ni fin, organizada en torno a un centro esencial. Contiene puras y sin interferencias, las cualidades esenciales, las partituras del cosmos: Unidad, vibración, síntesis, integración de la diversidad, transformación, expansión.

Las rosas son la expresión pura del principio cualificado y animador que es el alma, no hay nubes que nublen la transmisión de la pauta esencial que es el anima mundi. En el caso humano es diferente puesto que las perturbaciones mentales y emocionales actúan como densas nubes que no permiten expresar las cualidades propias del alma.

El “ego”, históricamente construido por la humanidad e individualmente potenciado por cada individuo durante su vida particular es la densa pantalla que no permite pasar la Luz.

Desde este punto de vista podríamos decir que la evolución humana ha ido consolidado a las fuerzas egoicas, lo cual era parte inevitable del trayecto humano. Es nuestro aprendizaje, nuestra riqueza y nuestra experiencia particular.

Alejarnos de la fuente para retornar en conciencia y poder, como el hijo pródigo que deja la casa de su padre, aprende y experimenta hasta que en pleno conocimiento de lo que hace decide retornar.

En la pérdida del paraíso no hay pecado ni error, es el aprendizaje propio y único de la humanidad. La naturaleza no se aleja del paraíso porque no puede hacerlo, permanece inocente. El ser humano pierde la inocencia, pero a largo plazo, gana la sabiduría.

La autoconciencia y el “ego” como producto de ella, constituyen nuestra travesía por el desierto. Es lo que hemos hecho en estos 3 millones de años.

Somos seres errantes en busca de la tierra prometida.

 

Todos los reinos palpitan en ti.

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EL ALMA, LA INDIVIDUALIZACIÓN Y EL “EGO” III

 

El alma juega un papel fundamental en el surgimiento del ser humano pues es el aspecto que llama  a la individuación, aquel que incita a la gota de agua a separarse del radiante mar. Digamos que cuando la evolución genera a un ser lo suficientemente complejo y refinado como para expresar una conciencia más vasta, se despliega una pauta más compleja, el alma provocando el surgimiento de la autoconciencia.

El alma al expresarse es la dimensión física, tiempo y espacio genera al “yo”, un ser separado del colectivo.

Este “Yo” incluye al cuerpo, la sensitividad, emoción, pensamiento en un estado de inocencia, de fluidez, de conexión con la dimensión vibratoria del alma.

Sin embargo el “Yo” necesita vivir en la integración, la aceptación y el Amor que es propia del Alma.

De alguna manera se siente carente y vulnerable, se “topa” con los otros, se complementa, lucha, compite por ser visto, valorado, entonces alza actitudes defensivas, arremete, es agredido, se enmascara para lograr atención, manipula, se disfraza en dobles intenciones.

El “Yo” herido, recubierto de esta capa de apariencias, defensas, máscaras y manipulacioneses el “ego”.

EL “ego” está lleno de aristas, sufre y hace sufrir.

EL “ego” al irse recubriendo de capas y capas pierde contacto con su centro y sólo es consciente de su apariencia. Vive en el parecer, olvidando al Ser.

Deja de pulsar y vivir en el flujo de la vida y se transforma  en un ser recubierto de espejos que le muestran su imagen. Se identifica con ella y cree que eso Es. Su preocupación se focaliza entonces en la apariencia y su gran esfuerzo, ir mejorando su imagen ante los demás. Lo cual lo lleva a ser cada vez menos responsivo y consciente del alma.

El ego ahoga y suprime al alma.

El “ego” es un “sepulcro blanqueado” que vive de esquemas, formas y reglas exteriores, pues ha perdido la capacidad de sintonizarse con la sabiduría natural de su alma.

 

Evolución de la conciencia humana.

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EL EGO, LA CARENCIA Y EL DESEO – IV

 

El ego, como unidad separada, vive en la creencia, tiene la sensación básica de estar incompleto, por tanto desea.

Desea cosas, desea experiencias, desea conocimientos, desea siempre algo distinto a lo que está siendo el momento, desea lo que tienen los demás. Este es el sustrato inicial de la envidia.

Vive en una constante intranquilidad que no le permite disfrutar ni vivir el aquí y el ahora, puesto que siente que a cada momento le falta algo.

Siempre es más bonito el pasto del vecino.

Si pensamos en el ejemplo del vaso con agua hasta la mitad, el ego atiende a la mitad que falta e ignora todo lo que tiene.

Esta carencia le impulsa al permanecer moviendo, a buscar, a conocer, a poseer. Un movimiento cuyo impulso no tiene raíz en la esencia, sino que en la carencia.

Se trata de una inquietud permanente e insaciable que no nos permite parar y atender al flujo del alma.

Es un espejismo que nos hace sentir que cuando obtengamos la siguiente meta, seremos felices; pero cuando ésta llega, aparece otra y otra, lo cual nos lleva a vivir una permanente frustración y desazón.

En gran parte la cultura consumista se apoya en esto, aprovecha la insaciabilidad del ego para crear ilusiones de más y más necesidades. Cuando destruyamos todos los bosques y contaminemos todos los ríos, quizás llegue el momento de darnos cuenta que hubiéramos necesitado mucho menos para vivir en plenitud.

Uno de los índices que nos permiten saber si estamos focalizados en el ego es la sensación de que no somos ni tenemos lo suficiente. Pensamos que si estudiamos, seremos felices cuando obtengamos un título, pero lo obtenemos y no somos felices puesto que aparece otra carencia a satisfacer en el horizonte: seremos felices cuando comprendamos un auto, lo hacemos y no somos felices, aparece otra cosa, en esto se nos va la vida.

El Buda afirmaba que en la base de todo sufrimiento está el deseo. Nos hace sufrir por la ansiedad que genera. Si no conseguimos lo que queremos, sufrimos por la carencia, si lo obtenemos, sufrimos, porque no nos satisface del todo y se despierta otra cadena de deseos.

La vivencia del alma es opuesta, vibra en la totalidad, en la unión, en la generosidad, en lo pródigo de la vida. No importa cuanto se tenga, en cada minuto se está en la abundancia.

 

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EL EGO Y SU MIEDO A NO SER INTEGRADO – V

 

El ego como unidad separada, construye muchas de sus estructuras a partir del miedo básico de no ser aceptado, integrado o amado. En la base de su andamiaje, está este temor; máscaras, apariencias., corazas, se construyen a partir de él.

Se trata de imágenes que niegan al Ser con el objeto de construir una apariencia que agrade a los otros. La única manera de sustentar permanentemente una imagen es enterrar y negar a la esencia.

Esta es la base del narcisismo en que vive el ego.

Vivimos para nutrir a la imagen, postergando y anulando la necesidad del ser humano que suele estar cansado, o confundido, o simplemente feliz.

Es iluminador preguntarse cuántas cosas en la vida hemos realizado con el fin de conseguir aprobación y cariño.

Hasta qué punto esto ha influido en nuestras  elecciones. Hasta dónde nos movemos en la vida para conseguir aprobación a cambio. Quizás hemos tranzado aspectos importantes, dignidad, anhelos, esfuerzos incansables por cosas que realmente no nos importan.

El problema es que nunca conseguimos lo que deseamos, nunca la suficiente aprobación y afecto para la insaciable necesidad del ego. Nunca somos lo suficientemente atractivos, exitosos, inteligentes, hábiles, nunca lo suficientemente amados.

Podemos recibir afecto de parte de 20 personas de las 21 que hay en una reunión. Sin embargo nos quedamos obsesionados con la única que no nos aprobó.

El temor a la exclusión tiene que ver también con el miedo a la muerte. La sensación de que la vida te expulsa cuando aún querías seguir allí, es una vivencia de gran desamor, el mundo seguirá sin mi, no importo, me excluyen.

Mirar este miedo de frente, ser consciente de cómo actúa y gobierna nuestras vidas, darnos cuenta de cuántas veces actuamos para concitar aprecio y atención, de cuántas rabias, inseguridades, envidias, orgullo y agresividad responden a esta vulnerabilidad básica de necesitar Amor y aprecio es el comienzo del camino a desenmascarar al ego.

Sólo concientizando esto podemos liberarnos, sólo descendiendo a nuestro infierno, viéndolo, podemos iluminarlo y conocer el cielo.

El alma vibra en la unidad, por tanto sabe que no necesita hacer nada para vivir en el Amor, ésta es una condición natural de la vida. Todo lo que existe es cobijado por el universo.

Al focalizar la conciencia en el alma no es preciso manipular o hacer cosas para obtener Amor. Simplemente se vibra en la sintonía con todo. Me acepto y acepto a los otros, abriéndome al flujo de la relación.

Vivir movidos por el impulso del ser y no de la carencia.

 

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EL EGO CENTRADO EN SUS DESEOS Y NECESIDADES –VI

 

El ego tiene dificultades para integrarse a la trama de la vida, puesto que vive en un auto concentración que le lleva a ver la vida desde sí, como si fuera el sol en torno al cual gira todo lo demás.

Organiza el mapa de la realidad egocéntricamente, como si todas las personas y existencias vivieran en torno a él, para satisfacerlo, agradarlo, mirarlo. Como si la vida de los otros tuviera como propósito satisfacer sus expectativas.

Se frustra y se enoja si las demás personas no responden y, de alguna manera no logra entender como los otros no cumplen con su papel asignado en relación a él. Es el opuesto a la conciencia sistemática en que la persona se ve integrada en una trama, como una más, es lo que trataremos en el capitulo siguiente.

Como humanidad hemos vivido en esta óptica por miles de años. El ser humano al centro y la naturaleza, a su disposición para servirlo. Como si ésta no tuviera un propósito en sí, y toda la razón de su existencia fuera dar recursos a la humanidad.

Así vive la persona egocéntrica, creyendo que los otros existen con el fin de satisfacerlo, como si no tuvieran su propia razón de vivir, sus propios desafíos independientes de ella.

 

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El ego y su necesidad de estar al centro y sentirse especial- VII

 

El ego, al vivir de la imagen existe en la medida que es mirado por los demás, por tanto utiliza todo tipo de artilugios para lograrlo, ya sea sobreexponerse, llamando la atención, o callándose y escondiéndose, con el mismo propósito de hacerse notar.

El ego necesita que lo vean, ya sea concitando admiración o lástima. Siendo exitoso y brillante, o enfermándose, o llevando una vida de sufrimiento permanente.

Sentirse especial es la consigna, por tanto se adorna negando su simple humanidad.

Lo que  la persona focalizada en el ego no soporta es vivir como una más, encontrando satisfacción en la colaboración, en una vida “normal”. Teme perder su individualidad distinta y especial. Esta necesidad genera adhesiones fanáticas a equipos de football, grupos espirituales, razas, religiones, partidos políticos que se dicen distintos o especiales.

Es exclusivo y excluyente, la crítica ( que no es lo mismo que discernimiento) es uno de los instrumentos a través de los cuales se excluye a los otros,  utilizando la razón y la inteligencia para autoafirmar la superioridad sobre los demás.

La persona conectada con su alma mora en la unión, en la integración. Conserva su especificidad, el tono propio, su nota particular no por sentirse especial, sino que encuentra satisfacción aportando al flujo de relaciones el tono propio que la colorea.

Su motivación guarda más relación con el gozo de ser y fluir en la interrelación.

Ve el bien personal íntimamente relacionado con el bien del todo mayor. No justifica su existencia por ser mirado, sino que por forma parte del flujo viviente.

Su instrumento para distinguir es el discernimiento y más que criticar, comprende e incluye.

 

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EL EGO Y LA NECESIDAD DE PODER – VIII

 

El ego se autoafirma y confirma su importancia a través del poder que sustenta sobre los demás. Alimenta su autoestima de esta manera.

Adquiere poder a través de fuentes externas por no estar conectado con su propia fuente de poder interno.

En vez de empoderizarse de su esencia, se potencia con signos de status y emblemas de poder como lo es el dinero en nuestra cultura.

Las luchas entre egos son luchas de poder. Tras muchos de los enfrentamientos en el mundo político, científico, artístico, empresarial, incluso religioso hay egos disputándose el poder, todo esto disfrazado de buenas intenciones, posturas éticas o intelectuales.

El ego se siente fuera cuando logra aplastar a alguien y poner su pie sobre el otro. Lo interpreta como una muestra de su propio valer y potencia.

Esto es lo que han hecho a través de milenios los pueblos o países más poderosos sobre los más débiles, robarles la energía para asentar su poder.

Hemos creado sociedades jerárquicas en que los lazos que relacionan un nivel y otro son formas de poder autoafirmarte, mientras más me encumbro en la escala de la jerarquía de un grupo, más valía personal, así palucha de los egos por escalar posiciones es cruel y se realiza aún a costa de la propia vida.

El poder amoroso, que se suele dar entre madre, padre e hijos, aquel que escucha y busca el bien del otro está ausente en nuestras sociedades.

Sin embargo, para que uno tenga poder sobre otro, es preciso que éste ceda de poder.

Este es otro mecanismo egoico, depositar el poder personal en lo exterior, la parea, en el trabajo, en el dinero, en la profesión. Así se tiene una disculpa para no empoderizarse de sí mismo. Si se termina el trabajo, o se va la pareja, la persona quedará impotente, débil y probablemente generará enfermedad.

La persona que vive desde el alma se nutre de la fuente de poder cósmico, no necesita mostrarlo a través de los demás y lo utiliza fundamentalmente en sí misma, para conducirla, crearla, nutrirla e integrarse creativamente en la vida.

 

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LA CONCIENCIA SISTÉMICA Y EL ALMA

 

La conciencia sistémica tiene que ver con el proceso de elevar, o expandir la mirada para llegar a percatarnos de que somos un ser más en la red de la  vida, que no estamos al centro, que los demás están ligados a mi por algunos tipos de relación, pero que no viven por, o para mí, de que la vida es una totalidad que me contiene, lo cual va ligado a la íntima necesidad de sentirse parte, de aportar, de vibrar con las necesidades ”del todo”, de servir y de concebir mi vida como una expresión aportadora a la red.

Dejamos atrás la conciencia ego centrada para abrirnos a la conciencia del alma que vive en una dimensión de unidad e interrelación con la esencia de todo.

Así como en la autoconciencia, el ego juega un papel central, en la conciencia sistémica, el alma cobra relevancia.

Se trata de una búsqueda para sintonizarnos con la frecuencia del alma,  o de la esencia personal, “encontrarse a sí mismo”, es algo que escuchamos frecuentemente, de eso se trata, de encontrarse con la esencia y manifestarla en plenitud.

No somos una manifestación fiel de nuestra esencia mientras haya interferencia, disonancias en nuestra psiquis o en nuestro cuerpo que no le permiten expresarse.

El trayecto a la manifestación plena del alma, o del centro de nuestro ser, tiene que ver con irse afinando, sintonizando, vibrando en alta fidelidad lo que esencialmente somos.

Encontrarse con el alma personal es, al mismo tiempo encontrarse con el alma de todo, pues ésta vibra en un campo esencial de energía que es Unidad y sintonía.

La conciencia sistemática es como si después de ascender por tres millones de años llegáramos a la cima de un monte y viéramos, nos viéramos, por primera vez desde arriba, como un nodo de una red multidimensional, visión del todo, como células que se dan cuenta que forman parte de un órgano, de un sistema, de un cuerpo, y comenzaran a vibrar ya no con un propósito separado, sino con un sentido que se engrana en el propósito del cuerpo.

En este caso, ese cuerpo es la humanidad y el planeta entero como una unidad, nos enlazamos, ya no nos importa sólo nuestra vida, sino la vida de todo, de todos y comenzamos a vibrar en la necesidad de todos los seres.

Recién en este estado de la conciencia es posible vivir el mensaje de Jesús de amar a los dos como uno mismo, y las inspiraciones de compasión, armonía y unidad entregado por los grandes maestros espirituales de la humanidad.

 

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CONCIENCIA SISTEMÁTICA EN LA VIDA COTIDIANA

 

Este nuevo paso es la espiral del ascenso de la conciencia no es visible físicamente, como ocurre con la evolución biológica, ni implica un cambio radical en lo que llamamos la “vida común” de un ser humano, seguimos trabajando, comiendo, viviendo con otros.

Sin embargo, es un cambio de estado total y se relaciona con cuestiones tan fundamentales como para qué vivimos cuáles son nuestros anhelos, qué nos mueve a hacer lo que a la larga implicará un sutil pero radical viraje en nuestras prioridades, valores, en el modo en que nos relacionamos, en cómo educamos a  nuestros hijos, vivimos la pareja, utilizamos el dinero, en cómo nos sintonizamos con la naturaleza o cómo distribuimos nuestro tiempo, el sentido que le damos al trabajo. Así, por una necesidad profunda de coherencia, tarde o temprano no nos bastará con intelectualizar que somos parte de la red de la vida, necesitaremos saberlo íntegramente, sentirlo emocional y físicamente, es decir, vivirlo prácticamente. 

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TRANSFORMACIÓN CONSCIENTE

 

Este paso, de una concepción intelectual, a una vivencia total pasa por un trabajo personal consciente.

Desde aquí en adelante la evolución ya no actuará más “obligando” a un rebaño, las fuerzas movilizadotas ya no serán sólo las circunstancias de la vida, en especial el sufrimiento, como lo ha sido en la humanidad hasta el momento, sino que será una incitación interior y personalmente percibida a la cual deberemos responder en total libertad y conciencia.

Esta ampliación de conciencia humana no se realiza “allá afuera”, no es responsabilidad de los gobernantes del mundo sino de cada uno de nosotros, el cambio personal se transmite a toda la red viva. El cambio de focalización de lo egocéntrico a lo sistemático es un estado de la conciencia que se trasmite a la dimensión mental de la humanidad afectando así a todos los seres humanos que comienzan a relacionarse con nuevas ideas respecto a de sí mismos y del mundo. Así es como la transformación de cada uno cambia a la humanidad.

En este sentido es que Cada ser humano es responsable, ahora y aquí, de la evolución humana. De este modo, es un transformación personal que, secuencialmente y por oleadas, cambia al mundo.

Aquí cabe preguntarse porqué si hemos tenido la orientación de tantos seres iluminados y extraordinarios  no hemos logrado, como la humanidad gestar un mundo en que la inspiración cristiana de Amor, o budista de compasión, o taoísta, de armonía se concreticen a nivel de las instituciones, relaciones internacionales, familiares. O porqué, habiendo implementado sistemas tan diversos como el socialista o el de libre mercado no hemos logrado un mundo de justicia y paz.

Quizás se trate de que los sistemas o inspiraciones espirituales no basten mientras no haya un real y concreto cambio de conciencia a nivel humano. Un cambio que implique un compromiso personal, y, al mismo tiempo colectivo, pensado, sentido y actuado a otros intereses y valores.

Es preciso un cambio de conciencia, de alguna manera podríamos decir que es una necesidad de los tiempos, algo inminentemente necesario. No se trata de algo suntuario, o de una elucubración de los pensadores, sino de algo íntimamente sentido, una búsqueda de muchos seres humanos, tan importante y vital como respirar.

 

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CRISIS, CONFLICTO Y OPORTUNIDAD

 

Los primeros atisbos de esta expansión de conciencia están siendo vividos por un número creciente de seres humanos y suele venir precedido de una profunda crisis.

En la tranquilidad de la vida vivida para mí (y el pequeño grupo que defino como mío), mis intereses, expectativas, imagen, caminos PRE-establecidos, posesiones, títulos, status, poder, competitividad comienzan a parecerme absurdos. Los valores que constituían mi razón de vivir se derrumban, aparece una semilla de insatisfacción que nos puede tener sumidos por períodos largos en estados depresivos o de inestabilidad y sin sentido.

Todo aquello que constituían mis metas en la vida se comienzan a derrumbar ante la sensación de que necesito algo más porqué o para qué vivir, que “esto” ya no me basta, que la vida tiene que ser algo más.

Este “desasosiego” es uno de los parámetros que caracterizan a muchos seres humanos contemporáneos, una búsqueda incansable de sentido, de una razón para vivir que sea más amplia que mis intereses particulares.

Un motivo, una inspiración que no sé precisamente qué es y que me lleva a navegar en el vacío y la incertidumbre y, al mismo tiempo en la inmensa vitalidad de la búsqueda.

Se trata de la sobresaturación de la etapa ego centrada, el ego tan sobredimensionado en nuestra época, comienza a ahogarnos.

La conciencia ordinaria del ego y su autocentración, sus miedos, deseos, ansiedades, ambiciones, envidias, manipulaciones surtidas, stress, aceleración, orgullo, vanidad, competitividad me empiezan a incomodar. Esto, que constituía la normalidad para mí, el estado habitual en que he fluctuado comienza a sentirse como algo inarmónico, enfermo, no deseable.

Se pierden todas las seguridades en que afincábamos nuestra existencia, nos sentimos huérfanos, solos y sin valor para los demás, sin nada en que apoyar nuestra autoestima. Las definiciones que habíamos hecho de nosotros mismos ya no nos sirven y, muchas veces, ya no sabemos quienes somos ni para qué vivimos.

Quizás ansiemos retornar al estado anterior donde todo estaba claro, donde al menos las imágenes que tenía de mí, me permitían vivir con seguridad. 

Sin embargo, hay un punto desde el cual ya no hay vuelta atrás y sólo nos queda proseguir derribando fortalezas y caretas y haciéndonos cargo de que hemos vivido en una falsedad, en un espejismo, en un auto identidad construida para hermosearnos o generar compasión o admiración, o sea para ser amado.

Sólo cuando nos encontramos con ese ser vulnerado, que ha perdido el cobijo cósmico, que vive errante y perdido en busca del amor y la sintonía, sólo cuando nos aceptamos así en la base de nuestra construcción egoica es que podemos dejar de mentimos y aceptar que gran parte de nuestra vida tiene fundamentos frágiles, la necesidad y el miedo.

Esto pasa por ver las motivaciones que nos han impulsado, muchas veces encontramos miedos, rabias, penas, abandonos, carencias, necesidad de afecto en la base de nuestro construirnos como personas. ¿Por qué estudié lo que estudié? ¿Por qué me visto como me visto?, ¿Por qué acepté este trabajo? ¿Por qué necesito ser bello o “exitoso”?, ¿por qué mantengo esta pareja? Todo entra en cuestionamiento en este trance.

Al mismo tiempo, anhelo identificarme con otros valores, vivir una vida plena de sentido y aporte, de armonía, amplitud, de colaboración, de gozo en que los desafíos tengan que ver con autorrealización y colaboración, más que con ganarle a los otros, o con sobreponerme a miedos e inseguridades.

 

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TRABAJO PERSONAL

 

Ampliarse a la conciencia del alma

Todo esto requiere una disciplina consciente de elevación y ampliación de la conciencia, de salir del barullo mental emocional para ver claro, para escuchar la voz clara y cierta de mi ser.

Es tiempo de silenciar y comenzar a identificarme con un estado de paz, silencio, confianza, gozo que me permita redefinirme, desidentificarme con aquello que hasta ahora he llamado “yo”. Sentir la emoción, pero no transformarme en la emoción.

A través de técnicas introspectivas, como la relajación, la contemplación, o la meditación muchas personas se están encontrando con la infinitud de su interioridad, con la posibilidad de experimentar otros estados psíquicos, de serenidad, de armonía, de unidad, estados que la psicología contemporánea llama trans-personales en que yo soy yo y, al mismo tiempo, soy todo.’

Esta área de la vivencia síquica está recién siendo estudiada por occidente como un estado de sanidad superior a lo que llamamos “conciencia normal”, en el sentido que es más abarcarte y permite a la persona 

1. El libro Más atkí del ego de Maslow, Grof, Capra, Wilber y otros tiene excelentes trabajos en este tema. 

Vivir en un estado más pleno y feliz, menos egocéntrico y más portador.

Al coordinar este estado con una vida activa tenemos a un ser humano que no se “retira al monte” para solazarse con su propia iluminación, sino que la expresa, la actúa en lo cotidiano. Esto es inédito en un mundo en que de alguna manera lo espiritual requiere un “alejamiento del mundo”, o de lo que llamamos vida normal y, por lo tanto de lo humano en la amplitud de su expresión.

Desde el estado de quietud mental, por primera vez me veo, surge un sabio observador interno que, desapasionadamente, observa las fuerzas que me mueven.

Desde aquí, nuestros estados emocionales y mentales son observados, integrados y trabajados. Ya no puedo culpar a los otros, sé de las mareas que se mueven en mí, comienzo a Ver el tipo de relaciones que los enganches emocionales me llevan a establecer con mi mundo afectivo, social, laboral.

Es preciso realizar este trabajo de auto observación con honestidad, respeto y amor hacia uno mismo. Ni siquiera en este sentido somos tan especiales, todos los seres humanos estamos movidos por fuerzas semejantes, el ego es una construcción al mismo tiempo colectiva e individual. 

Todos los reinos palpitan en ti. 

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TRABAJO PERSONAL 2

 

La vivencia interna desarrolla una visión sistémica, una inteligencia contextual, en que ya no todo está referido a mí, sino que veo relacionalmente lo cual requiere un trabajo de distanciamiento, perspectiva, aquietamiento, introspección.

Surge una nueva mirada, mucho más amplia y serena que lentamente y a través de los años irá tomando el timón de nuestra vida, si así lo decidirnos y queremos.

Desde esta perspectiva, de distancia y amplitud puedo comprender y perdonar, perdonarme por el daño hecho o recibido, comprender que el roce se produce entre seres que viven desde sus miedos y traumas, sus rabias, es decir entre personas llevadas como hojas por el viento por sus emociones y problemáticas, por sus orgullos, envidias e inseguridades.

Viendo a los otros desde su legitimidad personal y no desde mí, surge el respeto y una gran delicadeza para con sus procesos. Reconozco el propósito personal y único de los otros.

Relajo, suelto, dejo ser. Voy abandonando la posesión sobre los otros, la manipulación en relación a lo que espero de ellos para mí, la sobreprotección. Soltar y permitir vivir, permitir que los otros sean, expresen, vivan en relación a su propósito, no al mío. Sean estos hijos, pareja, amigos, colegas, hermanos, padre o madre. 

En este punto se inicia la evolución consciente, puesto que de aquí en adelante los horizontes evolutivos se irán abriendo a partir de un trabajo voluntario de depuración y transmutación mental emocional y, al mismo tiempo de una focalización de la mirada en ese estado de paz interior.

En este sentido, por largos años, el trabajo personal va a constituir uno de nuestros puntos centrales de focalización.

Esto que ha sido criticado, a veces, corno una actitud egocéntrica es, sin embargo un esfuerzo necesario para poder vivir en “espíritu y verdad” y no sólo en las palabras o el intelecto, la expansión a la conciencia sistémica.

El descenso al pozo

Uno de los “peros” que surgen inmediatamente ante esta visión es ¿cómo lo hago?

Muchas veces, aún cuando tenemos las mejores intenciones de ser uno más y colaborar desde allí, la potencia de nuestras emociones incontrolables que no sabemos cómo ni porqué aparecen nos hace la empresa casi imposible.

Puesto que, una cosa es concebir esto mentalmente, vibrar con ello emocionalmente y otra, poder con- cre tizarlo y expresarlo limpiamente.

Si tenemos problemas de autoestima, o penas o rabias reprimidas, complejos, si actuamos desde los traumas de la infancia o no hemos sanado las heridas en el amor no podremos realmente actualizar y concretizar una vida de confianza y colaboración.

Diremos por esto, que el camino a la vivencia y la expresión de una conciencia de red, es decir, de trabajo unificado en la colaboración y no en la competitividad, pasa por un trabajo de mirar, integrar y transmutar las emociones e ideas elaboradas por el “ego”.

Concientizar los cimientos mismos sobre los que hemos construido el andamiaje egoico, las carencias, inseguridades y miedos que hay tras mi fachada. Ver a los ojos el “monstruo” egoico, sus ambiciones, orgullos y vanidades, es el único modo de vencerlo. El retorno al “Yo” comienza por desenmascarar a nuestro “ego” y sus manipulaciones, desbaratarlo.

Este proceso es una travesía que nos llevará a encontrarnos frente a frente con nuestro “demonio” que mora en las tinieblas del inconsciente. Corresponde al encuentro de Jesús con el demonio tentador en el desierto.

El ego un espejismo, una ilusión levantada por la humanidad como conjunto y por cada uno de nosotros en lo particular, no tiene existencia real, esencial, sus pies son de barro y se desmorona ante la mirada penetrante que lo ilumina y lo des-cubre.

El monstruo habita las sombras de la inconsciencia, se nutre y crece ante el temor a ser enfrentado y desenmascarado. Se trata de aquello que hemos llamado “demonio”.

Reconocer lo que Jung ha llamado la “sombra”

2 (porque no ha sido iluminado por la luz de la conciencia), aquellos aspectos nuestros que moran y actúan tras el umbral del inconsciente y, por ello, cobran vida descontrolada es básico en este trabajo, lo cual generalmente en alguna etapa requiere la ayuda de un terapeuta que nos ayude a integrar.

El destape de aquello, es un acto consciente, no un desesperado revolcarse por el suelo, si no un voluntario y a veces doloroso proceso de vivenciar, sentir y, desde el observador interno, conocer las fuerzas subterráneas que hasta el momento han conducido nuestra vida.

Los arquetipos como potencias internas, muchas veces inconscientes, o negadas por una educación o cultura represiva; la bruja manipuladora, la loca 

2. En el libro Recuerdos, sueños y pensamientos Jung narra su proceso personal en

Relación a la sombra y el inconsciente. 

Descontrolada, la rabiosa, el monstruo, la niña herida, el temeroso, la sensual son aspectos que habitan en lo profundo de la psiquis humana, aspectos que salen sin control o que vemos en otros porque no hemos sido capaces de ver en nosotros. Aspectos que están en nuestra raíz psíquica animal-humana que más que avergonzarnos o reprimir necesitamos encarar para integrar.

Los seres humanos no somos ángeles, nuestra naturaleza es más compleja, tenemos la misión de conjugar cielo e infierno, alma r animal, espíritu y bestia. Quizás los ángeles nos envichen; abarcamos un espectro más amplio de la vida y nuestro desafío es mayor. Integrar, completamos, complementar, unir naturalezas opuestas... he allí nuestra tarea.

Concientizar las fuerzas que nos han gobernado es amigarse con ellas, y comenzar a conducir su expresión, permitirles actuar en el ámbito que les corresponde y del modo deseado.

No se trata pues, de dejar de tener rabias o miedos, sino de reconocerlos y conducirlos, dejándoles abarcar el área en que nos son útiles y no más.

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TRABAJO PERSONAL 3

 

El miedo por ejemplo, es una emoción que nos sirve para proteger nuestra supervivencia o ser cautos en la acción, mas es inútil cuando nos paraliza, o nos hace sufrir por lo que ocurrirá en el futuro.

La rabia suele ser una voz de alerta ante la injusticia, o cuando estamos siendo abusados o arrasados, en ese caso es una emoción que nos está mostrando algo que guarda relación con la protección a la integridad y dignidad personal o la de otros. Reconociéndola, podemos tomar medidas asertivas para resolver la situación.

Sin embargo la rabia sólo nos producirá daño si nos quedamos pegados en ella por años sin resolver nada, o si reaccionamos con ira a cualquier situación que relacionemos inconscientemente con una herida de la infancia.

Una de las actitudes básicas en esto es observarse y no poner la responsabilidad en los otros. No son los demás los que me hacen enojar. El enojo es mío y es mi responsabilidad elaborarlo.

Las personas que nos despiertan emociones encontradas, que nos alteran son una gran ayuda, pues sacan a luz aquellos aspectos que necesitamos mirar en nosotros. El problema que nos interesa, el objeto de elaboración soy yo mismo, nadie puede hacer esta transformación por otro. Es propia, íntima y personal.

Ya no podemos escudamos en el rebaño, decirnos “todos lo hacen” o “así es la vida”, o “esta sociedad te lleva a eso”. Tampoco podemos, desde aquí, seguir pensando que somos lo que somos por lo que nos han hecho los demás. Nadie puede en realidad hacernos nada. No son los acontecimientos en sí, sino el modo en que los vivimos, aquello que va haciendo y siendo nuestra vida. El cuerpo como receptor

Y canalizador de la conciencia

Además del trabajo terapéutico y de observación y conducción de las emociones, aquí se hace necesaria una disciplina de armonización bio-energética, a estas alturas ya sabemos como la actividad psíquica es vivida también por el cuerpo.

La transformación a la conciencia sistémica incluye al cuerpo que es uno de los aspectos a través de los cuales nos enhebramos con la vida. El cuerpo toma aquí otra dimensión, ya no es sólo cuidado en relación a la imagen, sino que constituye un lenguaje que nos ayuda en el proceso de autoconocimiento, así como una fuente de gozo, sensibilidad y satisfacción. Recuperar las sensaciones básicas, los cinco sentidos, ahogados en nuestra cultura por exceso de racionalidad, reencanto lo cotidiano y nos permite disfrutar simplemente de la vida sin necesidad de sobreestímulos ni cosas cada vez más sofisticadas. Con dolor en el cuello, o el estómago tenso, con una acidez galopante, o el ciático tomado se hace difícil una expresión amable

Un cuerpo desbloqueado nos permite actuar más libremente, disfrutar y sensibilizar aspectos más sutiles como los aromas, el roce del aire en la piel, el alimento, el contacto con otros seres.

El concepto de autosanación y responsabilidad por nuestra salud, el amor hacia nosotros mismos, hacia nuestro ser, por sobre nuestra imagen juega un papel fundamental. El cuidado en la alimentación, en los ritmos de acción-interiorización, o trabajo y descanso, en mi estado físico emocional son las bases de una medicina centrada en la prevención, un cuidado armónico que hace que muchas enfermedades nunca lleguen a expresarse.

Las disciplinas milenarias de relajación y armonización corporal juegan aquí un papel central. La conciencia sistémica requiere de un rehacer al cuerpo para hacerlo un buen receptor de las energías del alma. Rehacerlo en términos de desbloqueo, de fluidez, de buena circulación de energías.

Estos procesos toman tiempo, constituyen un trabajo paciente y amoroso, de armonización corporal, observación diaria, honestidad interna en que la obra de arte resultante somos nosotros mismos. Servicio

La otra inquietud potente que tiene que ver con este estado de conciencia es la necesidad de dar o servir, en el sentido de proyectar la acción que ejerzo en la vida en términos de aporte al todo.

Comienza a interesarme el bien del todo, el mayor bien para el mayor número de personas, y voy en camino de coordinar mis intereses personales con el bien del grupo mayor, sea éste la familia, la ciudad o el planeta entero. Quizás ya no me baste con tirar la basura fuera del área de mi casa, sino que deje de ensuciar o contaminar al sentir la ciudad y el planeta como el hogar de todos nosotros.

Comienzo a participar como uno más, a colaborar, a integrarme a equipos aportando lo mío, sin necesidad de estar al centro de la atención o de la toma de decisiones, tomando y cediendo el poder según corresponda a la labor efectuada. Comienza a ser más importante colaborar en una causa común cediendo posiciones que luchar obsesivamente por sacar adelante mis ideas fijas. Esto permite la sinergia, el grupo es tomado por una fuerza que es más que la suma de sus miembros.

Permite también la empoderización, tomo mi poder, aquel que emana de mi centro interior y permito respetuosamente que los otros tomen el suyo. Todo es importante, la vida cotidiana se transmuta en un oficio, en un arte, en una ceremonia, lo cual requiere poner la atención en lo que hago, estar presente en cada acto dando mi mejor expresión. Es el sentido profundo del sacerdocio como un acto de unión con la esencia de la vida.

Esto tiene que ver con el desarrollo de la visión de la unidad que es comprehensiva, abarcante, ve lo que une por sobre lo que separa, ve lo Uno en lo diverso, es inclusiva, integradora, sintética.

Inclusión

El valor básico de la conciencia sistémica es la inclusión.

Esto implica una visión de síntesis, que sin excluir el análisis de los detalles y diferencias, es capaz de elevarse y ver el aspecto unificador y, así saltándose todas las diferencias integrar lo diferente en el amor.

La mirada cercana siempre nos mostrará la diversidad, la diferencia, al tomar perspectiva, veremos que la diversidad se integra en ámbitos más amplios. Esta mirada hace posible el amor, entendido como una fuerza que une, más allá de cualquier frontera.

Por sobre las nacionalidades, religiones, posturas políticas, somos seres humanos.

Por sobre las diferencias de especie, somos seres vivos. Por sobre las categorías, existimos al unísono en un mismo universo.

La cima de esta visión acarrea al sentimiento y a emoción a una vibración cálida hacia la existencia hace posible “el reino de Dios en la tierra de los hombres”, el mensaje de los sabios de todas las tradiciones espirituales, que más allá de la diferencia, hablaron desde la misma inspiración.

 

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LA CONCIENCIA EVOLUTIVA

 

Ver desde arriba

Simultáneamente con esto, despierta la conciencia evolutiva, comenzamos a Ver el proceso y los frutos que éste ha ido dejando en nosotros. Me doy cuenta que más allá de lo “agradable” o “desagradable” de las circunstancias de mi vida, estas me van ampliando y enseñando.

Al distanciar la mirada de lo inmediato, al observar los acontecimientos con “altura de miras”, nos damos cuenta de que todas las circunstancias de la vida son parte de un proceso de ampliación de conciencia y así, comienzo a comprender mis estados en términos de lo que significan en mi recorrido, de elevarme sobre el aquí y ahora y verlo en perspectiva, pudiendo así actuar y mover las cosas en una concienciamos amplia sin identificar mi ser con la circunstancia que estoy viviendo en este momento. Lao Tsé dice “hacer las cosas sin hacerse cosa con las cosas”.

El fruto de esto en un estado de mayor paz, dejo de aferrarme a las circunstancia o cosas, sé que todo cambiará, me doy cuenta de que los procesos son cíclicos y ios vivo conscientemente en un sentido de crecimiento personal. Acepto lo que llamamos alegría y dolor, triunfo y fracaso y ya no me involucran por completo, aún cuando un aspecto de mí vive y es vulnerable a la experiencia, hay un sabio interno, un observador que sabe que sea lo que sea, la experiencia me traerá la riqueza del aprendizaje.

Enfoco mis experiencias en términos evolutivos, ¿qué me enseñan?, ¿qué me aportan?.

Todo cobra sentido, el error enseña, el dolor limpia y sensibiliza, la alegría y el gozo me sintonizan y son una brújula en el camino.

Mi vida está en proceso de crecimiento, expansión, transformación, no me aferro.

Permito el movimiento, no me opongo, confío, dejo fluir.

Esto conlleva una quietud interior, ya no se está en el control ni en la lucha, se suelta, hay un contacto con un aspecto interno sereno, que ve en términos de perspectiva y proceso.

Se conecta con una dimensión donde todo es posible, surge la confianza en que todo se irá resolviendo. Fluyo. Ser parte de un proceso

Las dinámicas evolutivas llevan a expresiones de conciencia más amplias, comienzo a ver que el presente es resultado de una evolución de miles de millones de años y me sitúo como un eslabón más de la cadena evolutiva del cosmos. Esto requiere conocimiento, información que nos permita expandir la conciencia.

Mi vida toma sentido en la colaboración consciente con las tónicas evolutivas, integración, ecología, paz, desarrollo sustentable, justicia social, educación.

Desde aquí, por primera vez tenemos plena conciencia del sendero recorrido por el universo y por la humanidad, plena conciencia de que hay un sentido, de creciente complejidad y ampliación de conciencia desde el polvo cósmico al ser humano. Desde aquí en adelante, la evolución se realiza a través de seres que comprenden el proceso, que ven la trama en movimiento, que se entregan a sí mismos, que comprenden que la evolución no pasa por —allá, en alguna parte—, sino en sí mismos, que el material de transformación y ampliación está constituida por mí y por todos.

Conciencia de la sincronía

Al visualizar la vida y mi vida como una entidad interrelacionada en permanente transformación hacia214

Estados más abarcantes de conciencia me percato de que los movimientos particulares están ligados al gran movimiento y que, por tanto todo se transforma al unísono.

David Bohm da la imagen de el agua que corre, los remolinos de un río podrían ser tomados como entidades independientes, sin embargo, si vemos más profundo, estos movimientos particulares están ligados con el gran movimiento del flujo de agua.

En lo que toca a nuestras vidas particulares, comienzo a darme cuenta de que los hechos concretos que me ocurren tienen que ver con los requerimientos de expansión de conciencia o crecimiento personal y que están sincronizados con los del resto del mundo.

En este sentido no hay Una causa para que ocurran las cosas, sólo podemos decir que todo se está moviendo en un sentido evolutivo y, dentro de ese todo, las circunstancias de mi vida buscan, al unísono con todo, gestar en mí estados de mayor amplitud, conciencia, sensibilidad al todo. Hay una sincronía entre mis necesidades profundas y lo que las circunstancias me presentan.

Me relajo, me abro a permitir que la vida y sus ciclos actúen en mí.

Confianza es aquí la palabra clave, confianza en el movimiento sincronizado de todo, confianza en que iré encontrando las respuestas, en que lo que ocurre “está bien” desde la óptica evolutiva, en que hay una sincronía entre mis necesidades profundas y el movimiento vital.

Aporte activo

No se trata sin embargo, de una confianza pasiva, sino de poner en movimiento nuestra creatividad en un sentido de aporte.

Desde nuestro centro, salir, actuar, conscientemente sintonizados con el movimiento evolutivo, aportar nuestro grano de arena para que nuestro planeta sea aquello que anhelamos.

El desafío es aquí, por un lado Ver la red y Ver el sentido del movimiento, por otro sacar el máximo de expresión propia para donarlo a la evolución del sistema.

Me siento un eslabón de la cadena evolutiva y tomo la responsabilidad de aporte que me corresponde.

Se vive para expresarse en forma única, personal, potente en servicio al proceso evolutivo de la trama general.

Nuevos desafíos, que se relacionan con la expresión, con la creatividad, con lo más adecuado para la evolución del sistema, nos esperan.

 

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LA CONCIENCIA HOLÍSTICA Y EL ESPÍRITU

 

La conciencia holística va más allá de la percepción estar integrado a la red de la vida. Aquí se vivencia

Unidad esencial, las múltiples manifestaciones de diversidad universal como diferentes modos, o disfraces del Uno. El Todo está en cada parte y en cada parte está el Todo.

Yo soy el otro, el otro soy yo y ambos somos Uno.

Desde esta expansión de la conciencia se percibe la energía esencial que se despliega en la trama del universo.

En ese campo está la potencia vital y, al mismo tiempo mental que da la pauta al fluir cósmico. Contiene la fuerza vital y el plan de la semilla cósmica. Desde este estado de totalidad el ser humano se transforma él mismo en la gran sinfonía cósmica, es él mismo aquella mente universal que se manifiesta a través de la partitura del cosmos. La conciencia ya no se focaliza en el ser individualizado, sino que en el todo vibrante y uno.

Se muere al principio personal para ampliarse y encarnar la voluntad cósmica. El Buda describe este estado como la gota de agua retornando al radiante mar.

Esto tiene que ver con las palabras de Jesús, “mi padre y yo somos Uno”, o “que se haga tu voluntad”. El maestro se conecta con la voluntad esencial a través de la figura del padre, que es un arquetipo de la mente universal.

La apertura a la conciencia holística, la pérdida de la focalización y voluntad personal para encarnar la voluntad cósmica es el calvario de Jesús y su muerte en la cruz, el símbolo de la muerte al tiempo y espacio.

La conciencia holística trasciende las coordenadas de tiempo y espacio y las dimensiones de vida-muerte. A

1. White escribe un interesante artículo sobre Jesús y la evolución de la humanidad en el libro La evolución de a conciencia editado por Stan Grof. Este nivel se está en un eterno presente que contiene todos los tiempos y todas las dimensiones del ser, desde el cuerpo, a las emociones, pensamiento, alma y espíritu. Todo es Uno.

Todo cambia, la esencia permanece. Allí, en esa esencia se radica la conciencia holística.

Desde allí se perciben las grandes pautas del desenvolvimiento del universo. El ser humano, o aquel que deviene de lo humano, el “hijo del hombre”, como se llamó a sí mismo Jesús se transmuta aquí en un portador de la pauta evolutiva para la humanidad, en una luz para los seres humanos, en un guía cuya acción está tan sincronizada y con los lineamientos cósmicos que su influencia trasciende el tiempo y perdura por milenios.

Es interesante notar cómo aquellos que hoy consideramos grandes guías espirituales, en general no fueron reconocidos en su tiempo, le hablaron a unos pocos y produjeron rechazo en la mayoría.

Sin embargo la fuerza germinal de su palabra era tan potente que atravesó el tiempo y transformó al mundo. El mensaje de los seres que actúan a este nivel no está dirigido a una época específica, es universal y válido en todos los tiempos y espacios. Es la humanidad la que institucionaliza y norma estos mensajes universales haciéndolos específicos para algunas culturas y épocas.

Si vamos a la fuente de lo transmitido por Buda, Jesús, Lao Tsé, Krishna, Moisés, nos daremos cuenta que el fundamento básico es el mismo. Así tiene que ser, estos maestros son conciencias que vibran en el mismo campo dimensional de Unidad. Es el ego y etnocentrismo humano quien entra en luchas de poder en relación a estos mensajes.

La conciencia holística es el camino natural de la humanidad evolucionada, estos maestros dan testimonio de ese nivel de conciencia, abren al camino, no para que nos quedemos arrobados, admirándolos; sino para que lo transitemos como un desarrollo normal de la conciencia humana.

Hasta el momento la actitud ha sido devocional y separatista, como niños con sus padres. “Tú eres grande, yo pequeño. Tú puedes, yo no”. Esto nos evita la responsabilidad de hacerlo nosotros y nos pone en una actitud pasiva, de devoción y respeto, pero no de transformación personal para transitar la senda de expansión de la conciencia.

Quizás aquellos que nos sintamos maduros como para tomar en nuestras manos nuestra propia evolución deberíamos empezar a considerarlos más bien como hermanos mayores que nos abren la senda de la conciencia.

La actitud mística-devocional es pasiva, la humanidad necesita de una actitud de activa transformación para hacer de cada uno, y del mundo, un lugar de convivencia, amor, realización, creatividad, donde los niños nazcan para poder florecer en toda su expresión.

A nivel micro, cuando logramos Sintonizar con un estado total, en que sólo existe el Ser, en que desaparece el tiempo secuencial y entramos en un estado de presente total, en que nos sentimos vibrar en un campo esencial, pleno de potencia, desde donde todo se desgrana a la existencia, estamos sintonizando con la experiencia de la conciencia holística.

Es la descripción que han hecho los místicos e iniciados de todos los tiempos, en todas las culturas del estado de trascendencia.

Sin embargo, hay una diferencia entre atisbarlo y vivirlo.

Los grandes guías espirituales de la humanidad lo han vivido. Actualizando y canalizando la potencia germinal de la Gran Vida cósmica en sus propias vidas, influyendo e inspirando el proceso evolutivo de los seres humanos por milenios.

 

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LA IMAGEN DE LA ESPIRAL COMO MODELO DE CAMBIO

 

La integración entre los conceptos de cambio y conservación; de tendencia a la complejidad y procesos cíclicos está en la elaboración de un modelo de cambio que los integre a ambos: la direccionalidad y la circularidad. Esto ocurre con el modelo espiral que exponemos a continuación. 

Todo cambia, mas ¡cómo cambia? El modo en que percibimos los procesos de transformación, cómo los interpretamos en el pasado, cómo auguramos el movimiento futuro de nuestras vidas, de la historia humana, del movimiento vital del cosmos es un aspecto fundacional del cual muchas veces no somos conscientes. 

Si pensamos por ejemplo, que la vida va en permanente decadencia tendemos a interpretar el presente en forma negativa en relación al pasado, lo cual probablemente nos lleve a vivir en una permanente nostalgia sin disfrutar ni valorar lo que Es en este momento. Tras la frase “todo tiempo pasado fue mejor” hay un modelo de este tipo. 

Es interesante preguntarnos, por ejemplo, si modeláramos la trayectoria de nuestras vidas ¿Cómo la representaríamos? ¿Cómo la sentimos o pensamos y en qué sentido esto nos afecta? ¿Es una línea?, ¿asciende?, desciende? ¿Es un círculo? ¿Volvemos siempre al mismo punto? ¿Vemos coordenadas, constantes? ¿Un gran sentido? ¿O es de un movimiento caótico? 

El hecho de percibir la sucesión de circunstancias como una línea regresiva, o ascendente, o de cimas y abismos, de trazos ondulantes, de coordenadas multidimensionales, con un eje central, o sin él, definirá muchas de nuestras posturas, esperanzas, esfuerzos. Nos llevará a interpretar lo vivido como aprendizaje, como parte e un ciclo o como fracasos o éxitos rotundos. 

Cada cultura tiene un patrón inconsciente de cambio, las culturas paleolíticas por ejemplo, que se viven siendo naturaleza con la naturaleza, en íntimo entramamiento con el fluir de las estaciones, de los ciclos lunares, terrestres, vegetales y vitales en general. En un permanente rotar por el día / noche/ día/ noche, tienden a percibir la transformación como un fenómeno circular en que se está transitando y retransitando una y otra vez en torno a las mismas fases. Son culturas en que el elemento de estabilidad juega un papel importante. 

Se puede confiar en que la madre tierra y las estrellas repetirán año tras año los mismos ciclos, en que el sol saldrá cada día y en que se podrán predecir los ciclos lunares y de cada estación. Se vive en la sensación de un gran orden dinámico del cual el ser humano es uno más. 

El gran don de este modelo es que aporta un elemento de tranquilidad y predecibilidad. Al mismo tiempo, tiende al estancamiento.

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En nuestra cultura, elitista y narcisista, ajena al pulso biológico y al fluir de la naturaleza el modelo es opuesto al anterior: una línea recta y ascendente, la idea de que cada estado tiene que ser “superior” al que lo precede, de que nunca se debería volver atrás, de que cada vez tenemos que superarnos más, tener más éxito, más conocimiento, más dinero en un incremento permanente. Este modelo nos lleva a la constante superación de aspectos, sin embargo nos tiene agotados.

Interpretamos inconscientemente como fracaso cualquier estado menos “exitoso” que el anterior, y esto en cualquier campo de la experiencia desde el dinero a la superación personal. El imperativo, a  claras luces absurdo, es ser a verse más joven, exitoso, seguro, más y más…, como esto no ocurre vivimos en una tensión permanente, negando la vejez, la enfermedad, la confusión. Escapando de la vida.

¿Cuánta energía gastamos, yendo en contra de nuestro biorritmo, cuánto stress negando nuestra pérdidas y dudas?

Está claro, la vida del planeta y del cosmos no fluye en una línea recta y ascendente, tiene ciclos, momentos de estabilidad, de creación, destrucción y nosotros, los seres humanos, como un brote más del universo estamos inmersos en los mismos flujos.

La cuestión es si acaso es posible plantear un modelo que se sintonice más al modo en que los eventos fluyen en el cosmos. El antiguo pensamiento Chino plantea que hay una pauta de cambio que es aplicable a cualquier transformación, el devenir del universo, el crecimiento de la vegetación, el desarrollo de un ser humano. Este es el modelo espiral y utilizaremos para explicarlo la metáfora del crecimiento de un árbol.

Así como el árbol transita por la primavera, verano, otoño, invierno para volver a la primavera, así toda transformación es cíclica a cualquier nivel, se está siempre retornando y repasando estados anteriores. Estados pujantes, creativos, quietos, de pérdida y confusión estarán circulando en el movimiento psíquico, biológico, mineral, social.

Este transitar no es, sin embargo, un ciclo cerrado.

Cada primavera es diferente del anterior puesto que contiene la experiencia del verano, otoño e invierno que la precedieron. Así cada estado deja una huella que permitirá al posterior una expresión más compleja y consciente.

En este sentido no hay fracaso ni fin. Cada estado, por muy retrógrado que parezca está dejando algo, experiencia acumulada, sabiduría. En este sentido nunca tropezamos con la misma piedra, aunque aparentemente lo sea, la octava vez es distinta de la novena pues contiene otros ciclos de experiencias intermedias. Ahora, evidentemente mientras más conscientes seamos de lo que nos aporta cada experiencia, mientras más despiertos vivamos la vida el efecto evolutivo es exponencial.

La imagen que obtenemos con esto es un modelo espiral, en que cada vuelta es más amplia y/o elevada que la anterior.

El modelo espiral tiene la ventaja de ser una síntesis de los dos anteriores al incorporar el elemento circular y, al mismo tiempo, el elemento vertical o direccional.

El devenir universal, humano, contiene y seguirá transitando por tiempo de siembra y cosecha. El tiempo de soltar, dejar ir, perder no constituye un fracaso, sino una vivencia en la espiral de la vida.

Nuestra cultura, al negar o reprimir estos estados e interpretarlos como fracasos sólo logra más sufrimiento,  procesos reprimidos, vidas trancadas impidiéndola riqueza de cada ciclo de vida y la evolución.

Negamos la vejez, el dolor, la pérdida, la duda y con esto sólo obtenemos más sufrimiento y tensión.

La aceptación de los ciclos, el aprendizaje que nos deja el regalo de la sabiduría y la expansión.

Así, utilizaremos el modelo espiral sosteniendo que este se asemeja más al modo en que fluye el cambio a todo nivel, y diremos que el proceso de evolución espiral hay hitos que marcan cambios de estado tan profundos que podemos hablar de “cambios de orden”.

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CAMBIOS DE ORDEN EN LA ESPIRAL EVOLUTIVA

 

Entendemos por cambio de orden los hitos que constituyen una “complejificación” tan radical respecto del estado anterior que podemos afirmar que se trata de otra  realidad, lo cual se refleja en el lenguaje, pues lo clasificamos de otra manera.

En el patrón general del ser humano hablamos del bebé, la niña, la adolescente, la joven, la adulta, la adulta mayor, la anciana reconociendo estos cambios de orden; y aunque se trata de la misma persona la vamos reconociendo de distintas maneras en relación a los cambios vitales de su trayectoria.

Percibimos estos cambios de orden en la espiral de nuestras vidas cuando hacemos procesos radicales, que transforman nuestra conciencia a tal magnitud que podemos afirmar que “ya no somos los mismos”. Marlo Morgan en su libro Voces del Desierto, narra cómo en el grupo australiano con el que convivió, las personas incluso cambian de nombre cuando perciben alguno de estos virajes profundos en su vida.

Los cambios de orden son evidentemente, fruto de un proceso anterior que en algún momento “estalla”.

Cuando brota una semilla ya no le decimos semilla, sino planta. En este sentido el ritmo de los procesos evolutivos no es el mismo siempre, esto lo podemos percibir en nuestras vidas, hay tiempos más tranquilos y estables que otros, de acelerado cambio.

Los momentos críticos y a veces dolorosos de los cambios de orden son las transiciones, esos puntos de inflexión en el que abandonamos el estado anterior, sin haber estabilizado el posterior. Son momentos difíciles que requieren de la osadía de lanzarnos hacia un abismo que no sabemos adonde nos llevará.

Sólo sentimos el imperativo de dejar atrás, por riesgoso que sea lo venga. La sensación de que tocamos techo y ya no podemos seguir habitando la misma casa.

La evolución está permanentemente despertando esta inquietud, a todo nivel, en todos los reinos, de romper las fronteras para expandir la expresión presente. Es una fuerza intrínseca que lleva al feto a salir del útero, a los mamíferos ancestrales a subir a los árboles, a las moléculas a romper enlaces para generar nuevas combinaciones ya  cada uno de nosotros a romper los límites presentes, para abrir algo aunque no sepamos precisamente qué. 

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Dentro de la evolución terrestre podemos hablar de algunos hitos radicales: El estado inicial del universo, que según las mitologías rompe un estado inicial de “vacío”, o “silencio”, el surgimiento de lo mineral, vegetal, animal, humano.

Así, podríamos ordenar sobre una espiral diciendo que en el centro tenemos al universo primigenio que se enfría, gesta enlaces hasta que tenemos al reino mineral.

Este va de configuraciones “simples” hasta otras más complejas, núcleos de átomos, átomos, moléculas, mega moléculas hasta que brotan las células que expresan una complejidad tanto mayor que podemos hablar de un cambio de orden.

A partir de éstas se expresan los reinos vegetal y animal. Al comienzo su expresión es semejante, pero con el tiempo los animales irán gestando un sistema nervioso que los hará psíquicamente más complejos, sensibles y libres que los vegetales.

Los mamíferos primates evolucionan hasta que un  nuevo cambio de orden ocurre cuando brota la autoconciencia, lo que llamamos “humano”.

Aquí diremos que los tiempos actuales son evolutivamente vitales pues estamos ante un nuevo cambio radical, la conciencia sistémica, o aquella con concibe a la individualidad como parte de una red, el ser humano que se ve entrando con todos y todo y actúa coherentemente con esto para transitar luego y la conciencia holística.

Esto puede representarse en una espiral con 5 hitos, cada uno representando una expansión respecto del anterior. 

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EN SÍNTESIS

 

1.- Visualizamos al cosmos como una unidad holística, el todo está en cada “parte”. 

2.- El universo como una expresión mental en el sentido que actúa y se organiza de acuerdo a pauta y procedimientos coherentes entre lo micro y lo macro cósmico.

3.-Sistémico, hay un equilibrio entre el auto expresión y la coordinación global del todo. 

4.- El universo es diverso, la unidad se fundamenta en la integración de la diferencia que permite la sincronización, el movimiento y la evolución. 

5.- Es incluyente, en él cabe toda la diversidad existente. En este sentido decimos que uno de los elementos básicos de la ética del universo, es la comprensión, aceptación, integración, inclusión, en suma el Amor incondicional. 

6.- El universo está en permanente transformación sincrónica. Evoluciona. 

7.- La evolución tiende a la complejidad. Tras la “complejificación” de las formas se “oculta” la tendencia a la expansión de la conciencia. Este es el eje de la evolución y el sentido en que se mueven las transformaciones a todo nivel. 

8.- Las sucesivas oleadas “complejificadoras” y de ascenso de conciencia que se expresan en lo mineral, vegetal, animal y humano llevan a un orden estratificado en que podemos reconocer distintos niveles de conciencia y complejedidad. 

9.- El universo actúa integrando, los niveles más complejos incluyen a los más simples. 

10.- La forma que toma la transformación en el cosmos es cíclica y ascendente, o expresiva. Podemos visualizarla a través de la forma espiral. 

11.- Finalmente, todo es expresión de un solo principio, en este sentido Todo es Uno. Todos somos Uno. 

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